A continuación transcribo un trabajo del Dr. Jorge A. Casale, publicado en la Revista Homeopatía de la Asociación Médica Homeopática Argentina, Ejemplar n° 1 del 2003.
 
     
  La importancia de la letra en la biopatografía del inconsciente  
 
      
 
     
 

     Que difícil es encontrar el extremo del nudo gordiano que destrabe el síntoma capital en aquellos pacientes que conscientemente o por desconocimiento restan importancia a situaciones del pasado que suelen ser la causa principal y dominante de un desequilibrio mórbido.
     Muchos ocultan el síntoma sea por vergüenza, culpa u otras causas, pero en ocasiones ni el propio paciente ni sus familiares dan valor real a situaciones de su vida que justifican como "superadas o no afectantes".
     Sin embargo éstas siguen proyectándose hacia el futuro mientras la causa permanece silenciosamente olvidada en el inconsciente.
     Hace falta una circunstancia fortuita, una palabra, un lapsus o impulso, una expresión para que haga aflorar el inconsciente y dar la oportunidad al homeópata de bucear en él.
     Por eso tan importante es lo que dice el paciente como lo que "no dice o evita decir". Son los gestos y posturas de defensa que denotan que nos estamos acercando a algo muy importante que el inconsciente quiere ocultar o no desea recordar; como por ejemplo los reiterados cambios de tema y las continuas evasiones en el interrogatorio.


     Quiero relatar el caso de un niño que atendí en donde a no ser por un escrito ni los familiares, ni por supuesto yo, me hubiera dado cuenta de la situación que lo llevó a enfermar.
     En junio pasado me traen a Martín de 8 años que cursa el 3er. grado de escuela, con una reacción alérgica generalizada de algunas semanas de evolución. Hasta hace muy pocos meses sufría de enuresis nocturna por lo que fue asistido algunos años por un psicólogo sin mucho resultado, por lo que decidieron dejar el tratamiento.
     Por lo que pude extraer del padre y del paciente los síntomas destacables son: Es muy celoso del hermano; su amor propio hace que no le guste perder pero tampoco compite en nada por el mismo motivo, prefiriendo dejar el campo a otro por cobardía; locuaz en casa; muy cariñoso con chicos menores y bebés.
     El niño se queja de cansancio y desánimo fácil reconociendo ser bastante desprolijo y dejado con sus cosas.
     El padre me dijo: cacarea lo que sabe y disimula lo que no conoce, pero constantemente afirma que se siente una basura.
     Impresionable con la sangre, teme a los perros pero sobre todo a los ruidos fuertes como truenos y cohetes.
     Interrogado sobre algún antecedente biopatográfico que pudo haberlo afectado no surge ninguna situación llamativa a considerar, salvo cierta exigencia de los padres sobre el orden de sus cosas y en el trato con el hermano.


     Sobre la base de este esquema me apoyé en la seguridad que el núcleo era su sentimiento de desvalorización con respecto a su hermano y su incapacidad de competir con él, sin embargo me llamaron la atención dos actitudes bastante sugerentes para analizar.
     La primera muy marcada era que cuando contestaba mis preguntas no sólo no me miraba a la cara sino que su vista y más diría toda su cabeza, recorría rápidamente el ambiente de un lado al otro como siguiendo el vuelo de un moscardón. Cuando se detenía, sólo por un instante, era para mirar al padre sentado a su lado e inmediatamente seguía su recorrido imaginario. El relato era locuaz y coherente pero siempre esquivando mi mirada nerviosamente.
     La segunda, aún más importante, fue una hoja manuscrita que trajo para mí de una composición que hizo en el colegio
     Sucede que mis pacientes saben de mi interés en conocer la letra y dibujos, especialmente de los niños, y en este caso lo aportaron por consejo de quien los envió.
     En realidad mis conocimientos sobre la letra y su significado no son demasiados pero cuando reconozco una letra con signos patológicos recurro al asesoramiento de la Grafóloga Científica Nora Vanvor, para que me asista en el diagnóstico.
     En este chico me llamó mucho la atención la irregularidad en el tamaño de las letras, de los espacios y los numerosos borrones y tachaduras, sin contar la ortografía y el tema de la composición que servirían para un capítulo aparte.

 
 
 
 
     
 

     Del estudio grafológico se desprenden los siguientes resultados:


Letras inclinadas hacia la izquierda: indican repliegue del niño hacia sí mismo. Tal vez ha sufrido una experiencia que no ha elaborado bien y lo deja temeroso de la entrega a la afectuosidad y la expansión. En alguna medida es una especie de regresión, porque la lógica es ir hacia delante y no hacia atrás.


La separación progresiva del margen izquierdo que sumado a las "s" de rasgos duros: denuncia tendencia a la evasión y rigor con la familia y con él mismo.
Me alertaron estas primeras conclusiones del análisis porque el hecho no podía estar tan lejano dada su edad y sin embargo en ningún momento surgió algo llamativo en la primer consulta.


Letras con pastosidades: fácilmente influenciable.
Escritura estrecha: indica inhibición y timidez.
Letras retocadas: inseguridad y duda. Cansancio.
Líneas apretadas: reafirma la inhibición y el temor. También es índice de poca generosidad.
Dirección descendente de las líneas: cansancio. Puede indicar algún estado depresivo aunque en otra medida que en los adultos.


Escritura con óvalos cegados: nuevamente aparece el cansancio y la desprolijidad.
El cansancio en esta escritura se detecta por excesivos retoques, borrones, manchas y puntos gruesos.
Sin embargo la presión al escribir muestra fuerza corporal, tensión y vitalidad.
Vemos como el cansancio rápido surge pese a su gran actividad y vitalidad.
La irregularidad se produce tanto en la desproporción exagerada de mayúsculas y minúsculas como en la diferencia de tamaño del cuerpo de las letras, exterioriza hipersensibilidad, inquietud y nerviosismo.


Soldaduras y temblores en la escritura: revelan posibles disturbios neurológicos y trastornos endocrinos. Falta de madurez motriz.
     Es un niño hiperemotivo excitable a la menor turbación. Inquieto pero de cansancio fácil. Escritura muy desigual con trazos inseguros y retocados donde se producen temblores casi imperceptibles.

Lic. Nora Elsa Inés Vanvor
Grafología Científica


     En la segunda consulta, ya con los datos que me aportaba el análisis de su letra, conversé con ambos padres insistiendo sobre algún hecho del pasado. Así fue que relataron algo que suponían sin mayor trascendencia puesto que el niño no se dio cuenta de nada "por estar dormido".
     Teniendo Martín 4 años de edad la familia fue asaltada en su casa con armas de fuego, incluso algún intercambio de disparos, y terminaron encerrados en el baño.
     Todo el tiempo el niño lo pasó dormido, despertando solo cuando todo había concluido y en un lugar que no era su dormitorio.
    Claro que no pensaron en las vivencias de Martín que con sus 4 años era capaz de reconocer la gravedad de la situación en las expresiones de sus padres, la presencia de la policía, la concurrencia a la Seccional por la noche y de todo el alboroto que estas circunstancias conllevaron. Además aún cabría pensar que quizás no dormía sino que no quería despertar, que no es lo mismo... La mente tiene sus defensas.


     Este tema que no surgió ni siquiera en los años de análisis por su enuresis, fue seguramente la posible causa del fracaso del tratamiento que fue enfocado en otra dirección y recién emergen en su letra en forma de represión, miedo a los cohetes, a los ruidos, su excitabilidad, su descontrol, etc., en resumen todo concuerda. Además, con ambos padres presentes, percibí en la consulta discusiones entre ellos sobre distintas formas de educar a su hijo que posiblemente presionaban sobre él.
     Su vitalidad, su inquietud, los movimientos automáticos de la cabeza contrastando con el agotamiento rápido y el temblor en la escritura nos habla de un posible disturbio neurológico que notifiqué a sus padres. Ellos me confirmaron que si bien es muy inteligente, es malo en los deportes porque siempre "se le escapa la pelota" o no tiene precisión ni equilibrio en las jugadas y como siempre pierde, prefiere no competir.

     Martín fue medicado con Causticum 10mil y por supuesto aconsejé a sus padres tratamiento psicológico ahora orientado en el sentido de la causa real, que aunque onírica, llegó a impactar en su inconsciente.
    Quiero destacar y reitero con esto la importancia que tiene en el diagnóstico biopatográfico bucear en lo profundo e inconsciente hasta que aparezca la punta del ovillo que desenrede la madeja y cuantas veces necesitamos acudir, como en este caso, a otros recursos válidos como la Grafología, el Psicoanálisis, la Programación Neurolingüística y todos aquellos programas que nos faciliten la tarea en casos donde ni el paciente ni la familia colaboran ya sea por omisión o desconocimiento. Demás está decir que Martín curó de su brote alérgico pero no lo trajeron más al consultorio. ¿Será por considerar cumplida la función del homeópata por la desaparición de la alergia? ¿Será porque está en manos de un psicólogo siguiendo mi consejo o será como tantas veces ocurre, pensar que esas cosas de la mente son normales en los niños y se curan con el crecimiento? Parece que "lo que se ignora no existe".
     De no poner remedio a tiempo el niño de hoy será el hombre de mañana con las mismas reacciones, perturbaciones y rechazos hacia los que lo rodean.



 
     
 Lic. Nora Vanvor
 Mail: info@grafologianet.com.ar