| |
Desde
el comienzo de la humanidad los hombres buscaron medios que perpetuaran
su memoria. En los tiempos prehistóricos dibujaban en las
paredes de las cavernas y grababan signos como marca de posesión
en piedras y objetos.
Compusieron odas y poesías
que cantaban en las celebraciones y de este modo se trasmitían
de generación en generación.
La evolución del alfabeto involucra
dos importantes acontecimientos. El primero fue el de un grupo de
los pueblos semitas, los fenicios, en la orilla este del Mediterráneo,
entre 1700 y 1500 A.C., que inventaron el alfabeto consonántico
(desprovisto de vocales).
El segundo fue una invención
de los griegos que agregaron los caracteres que representaban las
vocales (800 y 700 A.C.), añadiendo precisión a la
escritura.
La muestra más antigua del
alfabeto fenicio es una estela descubierta en Siria, en la que se
celebra la liberación del Rey de Mesa.
La puntuación se atribuye a
Aristófanes de Bizancio, que la colocó para facilitar
la escritura de Homero (260 A.C.), porque hasta ese momento no se
separaban las palabras entre sí, haciendo muy dificultosa
la lectura.
El jeroglífico, embrión
de la escritura, fue descifrado gracias a Champollion, que encontró
la Piedra Roseta, mezcla de signos alfabéticos combinados
con ideogramas.
En el transcurso de la historia muchos
son los que han estado interesados en la relación que existe
entre el texto manuscrito y la personalidad del que lo escribe.
El primer tratado sobre este tema
data de 1622 y los esfuerzos por la sistematización de la
Grafología comenzaron en 1872, con el trabajo del Abad francés
Juan Hipólito Michon, que dio nombre y sustancia a la Grafología.
Tanto Michon como su compatriota Jules
Crepieux-Jamin desarrollaron la Escuela de los Signos aislados,
que pretendía relacionar elementos específicos de
la escritura con rasgos de personalidad concretos.
En 1904 el filósofo alemán
Ludwig Klages formuló la hipótesis de que la escritura
a mano es un movimiento expresivo, similar a la gesticulación,
a la forma de andar o la expresión facial, y postuló
un principio unificador llamado ritmo.
Influido por el trabajo de Klages,
el grafólogo suizo Max Pulver, amplió sus investigaciones
analizando otra dimensión de la escritura, la profundidad
y estudió los ornamentos de la caligrafía, interpretándolos
como símbolos a la luz de la teoría del psicoanálisis.
En
la actualidad la Grafología Científica tiene por objeto
el estudio de la personalidad en todos sus aspectos a través
del análisis de las formas y movimientos espaciales de la
escritura manuscrita.
Sus aplicaciones son numerosas debido
a que es el Test Proyectivo del que más abundancia de datos
se puede extraer.
 |
|
|