Los signos de puntuación representan la actividad mental, aunque no son una prueba de inteligencia y cultura.
     No es raro encontrar personas con poca inteligencia que utilizan en sus frases el punto, la coma, los dos puntos y no omiten el menor acento. Esto no muestra capacidad sino que realizan la puntuación como la aprendieron en el colegio.
     Por el contrario, son numerosos los intelectuales cuya puntuación es rápida, muchas veces se vuelve imprecisa y puede llegar a la omisión por causa de la velocidad, ya que su pensamiento es más rápido que su pluma. También puede ser muy diferenciada y marcada, revelando que trabajan desde la mente.
     De una manera general toda puntuación muy acusada, muestra una tensión psíquica, en cambio una relajada, errada u omitida no representa una inteligencia menor sino el abandono de las fuerzas y la apatía.
     Las dos expresiones extremas, los excesos y las omisiones, se pueden encontrar no importa en que escritura, porque estas divergencias manifiestan resistencias circunstanciales en una historia personal.
     Las imperfecciones de la puntuación se inscriben entre las omisiones y son un inagotable caudal de signos errados, raramente faltos de instrucción, indicadores de comportamientos particulares inscriptos en el tiempo y en la biografía de cada escribiente.
     La buena ejecución de la puntuación no es la resultante de un esfuerzo intelectual querido, sino es ante todo un hecho natural de un buen estado físico y temperamental. Es la expresión de una buena adaptación del escribiente con el mundo que lo rodea.
     La cualidad de la puntuación es una referencia que el grafólogo busca desde el principio a fin de formarse una opinión, porque aporta su piedra a la edificación de un conjunto y frecuentemente es la tecla que confirma lo ya analizado.
     Los signos de puntuación parten de la escritura y toman cuerpo en ella, al punto que la legibilidad está comprometida si se omiten y en algunos casos la ortografía se torna falible, y no se deben analizar como piezas únicas.
     El más pequeño punto o coma son significativos y en consecuencia hay que tomarlos con seriedad porque en ellos encontramos muchas de las manifestaciones del inconsciente.

El subrayado
     El subrayado no es una necesidad ni una obligación sino una expresión de afirmación y un elemento de dinamismo. Se trata de un trazo colocado debajo de una palabra o un grupo de palabras para llamar la atención y darles valor. La persona que lo hace es consciente de hacerlo y lo hace para ser más claro y para ayudar a la lectura.
     Según esté más lejos o más cerca del texto, el escribiente será más o menos independiente. Cuanto más separado esté de la palabra, más importante será el deseo de independencia. Cuando es prolongado es el esfuerzo por penetrar en el otro y el empeño en obtener un resultado.

  El subrayado realizado en forma recta es un índice de equilibrio y firmeza de carácter.  
         En largas ondulaciones es una expresión de habilidad diplomática.
 
 
 
Realizado en forma de una "s" acostada es un expresión de "savoir-faire" profesional. Se trata de una persona de carácter amable que se afirma en el equilibrio de sus capacidades.
 

     La inclinación del subrayado indica el humor pasajero o habitual del escribiente; cuando es ligeramente ascendente es un individuo emprendedor en sus deseos, en cambio cuando es descendente puede ser circunstancial y sentirse desalentado por un suceso exterior.

Las comillas
     Encuadran una palabra o grupo de palabras y son una expresión de puesta en valor intencional. Sirven para distinguirlas y dar peso a las mismas. No son indispensables y su ausencia no oscurece la ortografía ni la legibilidad.
     Mientras que el subrayado marca lo principal, las comillas enmarcan lo particular.
     Están situadas a la altura de las crestas de las letras. Cuando la primera comilla desciende a la zona media, representa el temor de no poder hacerse entender y generalmente tiene su origen en datos biográficos de inseguridad afectiva que influencian en su carácter.

 

En cambio si es la segunda comilla la que desciende, simboliza el sentimiento de no haberse realizado como lo deseaba.

 

 
Estos pequeños trazos son generalmente rectilíneos y de presión ligera. Cuando se unen de a dos marcan un signo de inteligencia o de apatía según el contexto de la escritura a analizar.
 

     Las comillas normales son una expresión de equilibrio y de adaptación, en cambio las de formas extrañas (torcidas, en forma de ángulo, en forma de pájaro, etc.), dan muestra de algún desequilibrio, al igual que el uso excesivo de las mismas complican la adaptación del escribiente.

El punto final
     Es una pequeña marca redonda de simple apoyo, utilizada para terminar una frase que indica una pausa.
     Es el más pequeño de todos los signos de puntuación pero el más grande en cuanto a su importancia. Es una expresión de orden, de equilibrio y es un descanso
propicio a la reflexión.

 
El punto final omitido significa cierta falta de reflexión y una personalidad problemática, ya sea por incapacidad o por miedo. Es una persona apática que no toma parte ni se compromete.
 
La utilización de un guión en lugar del punto final es de uso muy difundido. El punto es redondo y conciliador por naturaleza, en cambio el guión es rígido y es un elemento de decisión e independencia. Es un acto de afirmación en las convicciones y en las opiniones.
 

 

 

 

 

 

 
El empleo del punto final seguido del guión indica un comportamiento bien delimitado. El escribiente parece abierto a la discusión y a compartir el punto de vista de su interlocutor, pero debajo de su apariencia amigable, en su fuero íntimo, no varía su posición.
 


Puntos suspensivos
     Los puntos suspensivos impulsan al escribiente a suspender su pensamiento. Esta interrupción no se produce por causas externas, sino permite postergar un momento crucial que deja al lector sin saber de que se trata.
     Puede ser una llamada que hace la persona a la comprensión:
"estas viendo lo que yo quiero decir" o "te lo explicaré más tarde", o bien una reticencia "no lo sabrás todo".
     El punto suspensivo no está desprovisto de ambigüedad pues nunca llega a ser un punto final porque deja una puerta entreabierta.
     La repetición del signo recalca una dificultad que puede transformar su significación en algo más trascendente que deberá evaluarse en el contexto del escrito.
     Cuando se realiza sólo con dos puntos indica una indecisión del escribiente frente a la vida, a la palabra y a la acción. En cambio prolongado más de tres puntos, revela la inquietud del sujeto frente al menor suceso que turba su juicio.


     El punto suspensivo imita frecuentemente al punto final y se transforma en guiones. Esta transformación atañe a la expansión de la personalidad y su aparición no representa más que un pequeño punto neurálgico de sensibilidad herida.
     El punto suspensivo realizado con puntos puede coexistir en una misma escritura con el punto final en guión. Esta expresión combinada significa que las posiciones divididas del escribiente son menos irreductibles de lo que parecen porque el punto suspensivo abre una brecha en las defensas.

La coma
    La coma es enemiga de la confusión, de aquello que es indiferenciado y su posición en la línea indica su carácter práctico.

 
Cuando su dimensión está agrandada y su presión marcada, estamos frente a una gran efervescencia mental poco favorable al equilibrio.
 

     La forma en media luna es una expresión de pasividad y si su apariencia parece inmóvil y es apenas perceptible, es el signo de un espíritu falto de desarrollo.
     La forma derecha es la más activa y su presencia supone un mejor rendimiento y es eficaz cuando su dimensión es razonable.

Ubicada en el medio de dos palabras representa un ritmo de actividad razonable, moderado y equilibrado.
 
 
 

 

 

 

 

 

 

Cuando este espacio se va agrandando, el rendimiento va disminuyendo y el dinamismo puede volverse ilusorio.
 

     Algunos escribientes no utilizan nunca la coma y la reemplazan por un guión. Se trata de una reacción de defensa cargada de afectividad.
     Podemos encontrar "falsas" comas colocadas delante de las letras. Este trazo inicial a contrasentido de la coma no tiene poder y sólo muestra que el escribiente está más agitado que activo.

     Hasta aquí sólo he hecho una pequeña reseña de algunos de los signos de puntuación utilizados comúnmente en la escritura.
     Es muy importante comprender que todos marcan un sentido y orientan al grafólogo cuando bucea en el texto a analizar, pero conviene tener muy presente que nunca deben considerárselos signos aislados y siempre examinarlos con en el conjunto de la escritura a analizar.

   

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 
     Lic. Nora Vanvor
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